RODEO:

dos cascadas, doble aventura

La aventura comienza en la comunidad de Rodeo, hasta donde es posible llegar en vehículo. Allí, rodeado por montañas y el murmullo del río del mismo nombre, inicia un sendero de fácil recorrido que permite adentrarse en uno de los paisajes naturales más cautivadores de San Felipe de Oña. No se requiere un gran esfuerzo físico, por lo que la caminata resulta ideal para quienes buscan disfrutar del entorno, descubrir nuevos rincones y vivir una experiencia de aventura en medio del bosque andino.

Es el lugar perfecto para dejar el vehículo atrás y caminar sin prisa entre montañas cubiertas de verde y bajo cielos despejados de azul intenso que acompañan los días de verano. El vuelo de las aves, el zumbido de los insectos y la tranquilidad del bosque convierten el recorrido en una experiencia de profunda conexión con la naturaleza.

El aire fresco, el aroma a eucalipto y la serenidad del entorno crean una atmósfera de tranquilidad que envuelve al visitante. En medio del camino, una amplia pampa natural invita a detenerse, contemplar pequeñas caídas de agua y observar, a lo lejos, el antiguo Puente Viejo, que parece custodiar silenciosamente la historia de este valle.

A medida que avanza el recorrido, el bosque se vuelve más envolvente. Cada curva revela nuevas formas, colores y texturas, convirtiendo la caminata en una experiencia que despierta los sentidos y permite descubrir la grandeza de este rincón andino.

Por momentos, el silencio parece apoderarse del bosque, pero basta detenerse unos segundos para descubrir una verdadera sinfonía natural compuesta por el aleteo de las aves y el zumbido de las libélulas, el roce de las hojas y el eco lejano de las cascadas escondidas entre la montaña. Es una experiencia que invita a caminar sin prisa, observando cada detalle que la naturaleza ofrece a lo largo del sendero.

La travesía continúa junto al río hasta que el paisaje cambia por completo. Dos enormes murallas de roca forman una garganta natural donde la humedad, las sombras y el rumor del agua crean una atmósfera casi mágica. Allí aparece la primera cascada, escondida entre hojas y vegetación silvestre, después de unos 15 minutos de caminata.

Las aguas cristalinas del río Negro caen formando una pequeña laguna ideal para refrescarse. La travesía continúa entre helechos gigantes, raíces y bejucos que ayudan subir por el sendero. Quince minutos más adelante llega la gran recompensa: la segunda cascada, más amplia e imponente, que se precipita con fuerza sobre una laguna rodeada por el intenso verde del bosque.

La frescura del ambiente, la imponencia de las rocas y la fuerza de la cascada invitan a permanecer allí por largos momentos. Algunos visitantes llegan en busca de fotografías; otros prefieren sentarse junto a la laguna, contemplar el paisaje y dejar que la tranquilidad del entorno lo envuelva todo. Es un espacio donde la naturaleza marca el ritmo y donde cada instante se convierte en un recuerdo difícil de olvidar.

Quienes deciden permanecer un poco más descubren que el verdadero encanto del lugar no solo está en las cascadas, sino en la sensación de paz que transmite el entorno. El tiempo parece avanzar más despacio entre la brisa que recorre el bosque, la sombra de los árboles y las diferentes tonalidades de verde que cubre cada rincón del paisaje.

El regreso se realiza por el mismo sendero, con la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que la naturaleza guarda celosamente entre las montañas. Mientras el bosque vuelve a envolver el camino, cada paso permite atesorar las últimas imágenes de cascadas, rocas y paisajes que parecen extraídos de un relato de aventuras. Al final de la jornada, queda la satisfacción de haber explorado un rincón donde la belleza aún se conserva en estado puro.

CÓMO LLEGAR: En las 4 esquinas se toma la segunda salida hasta el Complejo Turístico de la Comunidad El Rodeo. Paga USD 1, allí queda el vehículo y empieza la caminata.

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