FINCA LA CAPRINA:

las montañas abrazan el paisaje y las cabras reciben al visitante

FINCA LA CAPRINA:

las montañas abrazan el paisaje y las cabras reciben al visitante

A veces basta una mañana para entender por qué ciertos lugares permanecen en la memoria. Una cabra bebé corretea entre la hacienda, el viento atraviesa el bosque seco de faiques y el sol comienza a dorar las montañas que rodean Finca La Caprina. Entonces ocurre algo sencillo: el visitante deja de mirar el reloj y comienza a mirar el paisaje. Es en ese momento cuando el entorno revela su mayor encanto.

A solo 3,5 kilómetros de Oña, en Yunguillapamba, se encuentra este rincón privilegiado por un clima cálido y que permite disfrutar del paisaje en cualquier temporada. El camino se abre paso entre colinas onduladas, cielos inmensos y bosques de faique, árboles de formas caprichosas y troncos retorcidos que parecen haber sido moldeados por el tiempo. Entre sus ramas habitan aves, bajo su sombra descansan las cabras y alrededor se extiende un paisaje que mantiene intacta esa sensación de estar lejos del ruido y más cerca de lo esencial.

La historia de este lugar comenzó hace diez años, cuando Glenda Cárdenas y su familia apostaron por la crianza especializada de cabras lecheras. Lo que nació como un proyecto productivo fue creciendo hasta convertirse en una experiencia turística que hoy atrae a visitantes de distintos lugares del país y del extranjero. Actualmente, la finca alberga 86 ejemplares de razas seleccionadas como Saanen, Anglo-Nubian y Alpina Francesa, criadas bajo principios de bienestar animal y alimentación responsable.

Unas, llaman la atención por sus cachos grandes y otras, por sus orejas caídas o por el pelaje abundante, que les da una apariencia casi salvaje. Ellas son las protagonistas del lugar. Aparecen por todos lados. Algunas descansan bajo la sombra de los árboles, otras recorren tranquilamente los espacios abiertos y las más pequeñas despiertan la ternura de quienes llegan. Los visitantes pueden alimentarlas, con leche que les ofrecen en botellones especiales, como si fueran pequeñas mamaderas; acompañar los ordeños y descubrir de cerca cómo se desarrolla la vida diaria en una finca especializada.

Todas las cabras son mansitas y están acostumbradas al contacto con las personas; algunas incluso tienen nombres propios con los que son identificadas por sus cuidadores, lo que convierte la experiencia en un momento cercano, tierno y muy interactivo. Y es que La Caprina no busca únicamente mostrar animales. Busca compartir una forma de vida. Aquí cada detalle está pensado para acercar al visitante al mundo rural y a la importancia de una producción responsable.

El rebaño de cabras no se alimenta al azar. Consumen pastos cultivados especialmente para ellas, dentro de un manejo que prioriza la salud animal y la calidad de la leche que producen. Esa dedicación se refleja en cada uno de los productos que nacen dentro de la finca.

La experiencia continúa en la degustación. Variedad de quesos artesanales, yogur griego, dulce de leche, postres y otras preparaciones elaboradas con leche de cabra permiten descubrir sabores que suelen sorprender incluso a quienes llegan con cierta curiosidad o escepticismo. Detrás de cada producto existe también una historia de aprendizaje y de difusión de los beneficios nutricionales de una leche considerada entre las más completas y digestivas.

Sin embargo, hay un momento del día que parece reservado para la contemplación. Cuando la tarde comienza a descender sobre Yunguillapamba, la luz transforma completamente el paisaje. Los faiques proyectan sombras alargadas sobre la tierra, las montañas adquieren tonos cobrizos y el cielo parece encenderse lentamente antes de despedir al sol.

Es un espectáculo silencioso que obliga a detenerse. Muchos visitantes guardan ese instante como uno de los recuerdos más especiales de su paso por La Caprina. Quizá por eso cada vez son más quienes deciden prolongar la visita. La finca ofrece espacios diseñados para permanecer un poco más. Las cabañas tipo suiza, construidas para familias, los acogedores bungalows para parejas y las áreas de camping permiten disfrutar la experiencia completa.

Además de los recorridos guiados, La Caprina ofrece planes de visita, picnic, experiencias de día completo: alimentación, recorridos y hospedaje. Cuando cae la noche, el ambiente se transforma. Las conversaciones alrededor de una fogata, una tabla de quesos elaborados en la finca y un cielo cubierto de estrellas crean una atmósfera que difícilmente puede encontrarse en las ciudades. Dormir aquí tiene algo especial.

La mañana llega acompañada por aire fresco, el canto de las aves y el movimiento pausado de las cabras que comienzan una nueva jornada. No hay bocinas ni apuros. Solo montañas, naturaleza y la sensación de haber recuperado algo que muchas veces se pierde entre la rutina diaria. Esta hacienda es una invitación a volver a mirar el horizonte sin prisa, a escuchar el viento entre los faiques y a recordar que, en ocasiones, la mejor forma de viajar consiste simplemente en detenerse y dejar que la naturaleza haga el resto.

PARA SABER

Servicios: En La Caprina la experiencia puede adaptarse al tiempo y al presupuesto de cada visitante. La finca ofrece recorridos desde USD 5 por persona y planes de picnic desde USD 15.

Hospedaje: Las tarifas van desde los USD 40 en los bungalows y cabañas, por persona. Para quienes prefieren una conexión más cercana con la naturaleza, también dispone de áreas de camping con distintas modalidades de servicio.

Atención: de miércoles a domingos y feriados, de 12:00 a 17:00 para planes de visitas diaria guiadas, es necesario realizar reserva previa para asegurar la atención y que disfrute de los servicios escogidos.

CONTACTOS: 0997938874   0969966333    0997058168

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