En aproximadamente 30 minutos de caminata, el bosque se vuelve más espeso, el aire más puro y el entorno más envolvente. Adentrarse en este paraje es regalar a los sentidos una mezcla de colores, aromas y texturas que cambian con cada tramo del sendero. El olor a musgo, a tierra húmeda y a madera fresca acompaña el recorrido, mientras el crujir de las ramas, el silbido del viento y la presencia de aves que cruzan entre los árboles revelan la riqueza natural de este ecosistema.
Este territorio alberga parte importante de la riqueza biológica identificada en San Felipe de Oña: 139 especies de plantas, 83 especies de aves y mamíferos como el oso de anteojos, tapir de montaña, puma, conejos, venados… De esta reserva nacen los ríos Negro, San Felipe, Kingueado y San Antonio, que abastecen a más de 10 proyectos de agua para consumo humano y riego.
A medida que se avanza, el sonido del río San Antonio se intensifica, señal de que la cascada está cerca. El murmullo inicial se transforma en un rugido permanente que guía el camino hasta que, de pronto, entre la vegetación, aparece Cubilán, precipitándose con fuerza entre soberbias paredes de roca. Desde lo alto de la montaña, el agua desciende a raudales formando una inmensa cortina blanca. El impacto de su caída levanta una fina bruma que envuelve el paisaje y le da una atmósfera de grandeza difícil de describir.
Al observar más cerca, la magnitud de la cascada se revela en toda su dimensión. Las gotas suspendidas en el aire reflejan la luz y crean destellos cambiantes, mientras la fuerza del agua resuena entre las montañas. Es uno de esos escenarios capaces de despertar asombro y recordar la extraordinaria capacidad de la naturaleza para moldear paisajes únicos a lo largo del tiempo.
Desde las alturas de Cubilán, la mirada se pierde siguiendo el curso del río San Antonio mientras serpentea entre montañas cubiertas de vegetación. Llegar hasta la base de la cascada y laguna requiere avanzar con cuidado entre piedras y senderos irregulares, pero la experiencia convierte cada paso en una recompensa inolvidable.
El viento frío de Los Andes, el aire puro y la inmensidad del paisaje permiten comprender la estrecha relación entre la naturaleza y la vida de las comunidades que habitan estas tierras. Las aguas que nacen en estos bosques alimentan quebradas, ríos y sistemas de riego que hacen posible la agricultura local.
Así, Cubilán invita a contemplar uno de los grandes tesoros naturales de San Felipe de Oña, un lugar donde la historia, la biodiversidad y la fuerza del agua se unen para ofrecer una experiencia que permanecen en la memoria mucho después de haber emprendido el regreso.
CÓMO LLEGAR: En las Y de las esquinas se toma la primera salida hacia Zhidil. A 15 km. se llega a otra intersección y se sigue por la vía hacia Saraguro, donde se deja el vehículo.











